Una institución que rebota entre la reproducción social, el amor y las resistencias.
La familia como célula de la reproducción social.
Mutante e informe, las diferentes formas de familia vienen desafiado la categoría de “familia tipo” y están compitiendo entre sí para alcanzar el podio de la hegemonía. Aquella tipología familiar tradicional –mamá, papá, hijos- nos va quedando más que corta para hablar de familias. En un artículo del diario La Nación de mayo del 2013 , se describe esta mutación familiar desde el espacio de la escuela: luego de la sanción del Matrimonio Igualitario, las docentes han tenido que realizar numerosas formaciones para poder integrar la diversidad familiar que se les aparecía detrás de cada alumno. Una docente dice: “La sociedad evolucionó y las familias ya no son de un solo formato: hay familias tradicionales, familias ensambladas, familias monoparentales, homoparentales”. En este contexto, aquel modelo de familia nuclear dominante va cediendo terreno para compartir espacio con los nuevos formatos (o más que nuevos, aquellos que han sido recientemente legitimados).
No podemos negar que la reciente legitimación del matrimonio igualitario ha performado sobre lo hegemónico y ha permitido que muchas expresiones afectivas y reproductivas abandonaran su lugar oculto y vergonzante para ser bandera de la diversidad. Sin embargo, compartimos la opinión de Butler cuando apunta a que cualquier legitimación del Estado supone la exclusión de otras infinitas formas, haciendo que una demanda que visibilizaba las constricciones estatales devenga co-productor de las mismas. Es decir, cuando el Estado amplía el margen de las legitimidades, siempre lo hace a costa de excluir otras formas, pero disimulado por la nueva ampliación de los reconocimientos.
Pe-pe-pe-pero, ¿Qué es una familia? ¿Qué expectativas tendríamos sobre lo que la familia debería ser (de la que venimos y de la que podríamos llegar a construir si así lo deseáramos)? ¿La familia debe ser o puede dejar de serlo?
Algunas hablan de la célula de la sociedad; otras hablan de ella como la gran institución castradora de reproducción social y del capital; otras la mencionan como el último reducto vivo de la afectividad y la solidaridad. Otras piensan que hay que inventar otra cosa para la crianza de las personas y se niegan a llamar aquello que constituyen bajo el nombre de “familia”.
En este contexto de descategorización, Butler propone hablar de parentesco antes que de familia, definiéndolo como “una serie de relaciones de varios tipos mediante las cuales se negocian la reproducción de la vida y las demandas de la muerte, entonces las prácticas de parentesco serán aquellas que surjan para cuidar de las formas fundamentales de la dependencia humana” . El parentesco buttleriano va mucho más allá de los vínculos consanguíneos e incluye toda una red de personas que se entrelazan para la reproducción de la vida como los amigos y las comunidades, conteniendo una diversidad mucho mayor de aquella que puede llegar a ser legitimada por el Estado.
Lo cierto es que la mayoría de los niñxs nacen dentro de una que no eligen y los argumentos se contraponen: que si los padres son autoritarios y estrictos entonces el niño crece reproduciendo aquello que los padres le han inculcado (educación primaria). Que si los padres son progres lo han criado con amor, comprensión y libertad, reproduciendo –al fin de cuentas- aquello que los padres le han inculcado (educación primaria). Que frente a los padres autoritarios es más fácil construir resistencias; que frente a los padres progres es más difícil porque la crianza no ha sido ejercida con violencia explícita. Así las cosas, cuando se miran los casos particulares, las dimensiones no paran de complejizarse, casi como si dijéramos que cada familia es un mundo.
Sin embargo, podríamos decir que, en su tendencia reproductora, la familia se encuentra, por un lado, victoriosa: las luchas por sus contenidos no sólo siguen siendo un terrero híper-disputado, sino que además sigue conteniendo y produciendo la inequidad de género de forma –a esta altura- alarmante. A pesar de las innumerables conquistas, en las familias heterosexuales las mujeres siguen siendo mayoritariamente las que sostienen el trabajo doméstico y de cuidado. Re lindos los relatos de los papis cambiando los pañales y lavando los platos de vez en cuando, pero los números y las historias particulares siguen mostrando que los trabajos de cuidado y crianza permanecen femeneizados. Las imágenes actuales muestran a varones que “ayudan” en las tareas domésticas, pero no haciéndose cargo de igual forma aún. Para las mujeres que trabajan, la conformación de una familia implica otro trabajo más –no remunerado ni reconocido-, haciendo que muchas terminen tensionadas y teniendo que elegir entre una vida laboral o una vida familiar. Las que suman ambas actividades, están que no dan más.
Ahora bien, por otras partes, la familia sigue siendo cuestionada como la principal institución de organización de la vida cotidiana; incluso a muchas de las personas que la defienden, sostenerlas en el largo plazo les resulta algo altamente improbable.
Pero esta tensión pro y anti familia vive en constante movimiento. Así como podemos hablar de ciclos del capital, nos preguntamos: ¿podemos hablar de ciclos de la familia que los acompañen? Pensando juntos, pudimos identificar que los ciclos del capital venían acompañados de diferentes imaginarios respecto a la reproducción de la vida. Por un lado, los ciclos de Capitalismo de Bienestar aparecen acompañados del imaginario de la familia nuclear (hetero u homo parental), épocas en las cuales las resistencias se constituyen alrededor de la liberación de las formas sexuales y afectivas (amor libre, poliamor, diversidad serxual). En cambio, en los ciclos (neo)liberales del capitalismo son las tendencias más individualistas las que performan en el imaginario, apareciendo los vínculos “sólidos” como resistencias, estando entre ellas la familia.
¿Ciclos del capital / Ciclos de la familia?
+ Capitalismo de Bienestar
Se fomenta la familia
Se resiste con la libertad sexual y afectiva
+ Capitalismo Neoliberal
Se fomenta el individualismo
Se resiste con lazos duraderos y afectivos como la familia
No es que se trate de uno u otro en un determinado momento histórico exclusivamente, sino que pueden superponerse. Cada caso particular implica una respuesta diferente –sea reproductora o de resistencia-, ya que las hegemonías que identifican y frente a las que resisten son diferentes y a la vez conviven. La percepción de la hegemonía difiere según el espacio que se ocupe, y este espacio es una síntesis particular de dimensiones sociales por las que se está atravesado: clase, género, etnia, territorio, educación, etc.
Tal vez no nos extrañe tanto encontrarnos hablando de esto, ya que muchos de los que participamos de la revista nos fuimos constituyendo subjetivamente en la crisis del modelo neoliberal, creciendo en medio del insoportable individualismo noventoso. En las universidades, por lo menos, las tendencias asociadas a los socialismos (en sus diversas expresiones) reivindican la institución de la familia. En los barrios y en el campo, son las familias las que articulan entre sí deviniendo formación política. Pero también, ¿se puede escindir al proletario de su prole? Que quede picando…
Resistencias a y de la familia
De fondo, mientras intenta iniciar la escritura de este segmento, suena la canción “woman” de John Lennon, donde le canta a Yoko que siempre le estará agradecido por haberle enseñado el sentido del éxito y que siempre la va a querer, aunque la lastime de vez en cuando… En la siguiente canción del disco Imagine le canta a su hijo Sean:
Have no fear
The monster’s gone
He’s on the run and your daddy’s here
(No tengas miedo
El monstruo se ha ido
Ha huído y tu papi está aquí)
El hombre que nos invitaba a hacer el amor en vez de hacer la guerra nos llama a armar una familia feliz, amorosa y eterna. Aunque no fuera su primer matrimonio, aunque ya se había desenamorado y había desarmado una familia anterior. Su amorosidad ideal seguía desembocando en el mismo proyecto que reclamaba el conservadurismo: la familia. Pero, ¿cómo?, ¿en el mismo disco que imagina un mundo sin fronteras nacionales vuelve a reintroducir la frontera afectiva de la familia?
En el proyecto lennoniano, la constitución de una familia ya no se encontraba mandatado por el “deber ser”, por los sacramentos de la iglesia o por las organizaciones de la reproducción material. La familia se convertía en el proyecto del deseo encontrado de dos personas, cuya sucesión de encuentros amoroso-coitales producía al hijo como evidencia de amor romántico. La paternidad asume el lugar de protección amorosa, la seguridad frente a los monstruos del mundo al que el niño se irá enfrentando mientras crezca. Es decir, los padres ya no desearían ser más los monstruos a los que los niños deberían temer. Tal vez a Lennon lo mataron antes de que cantara sobre los arrebatos adolescentes del pequeño Sean y antes del (probable) divorcio de Yoko. Sin embargo, allí ancla la muerte su historia: un buen padre de familia que cree en el amor romántico, en medio de una época post-revolucionaria.
Pasan las canciones y de repente suena “I’m sticking with you” de los Velvet Underground. La voz de Nico, la cantante estrella –forzosamente- invitada, jugaba con el sentido irónico en su voz adulcorada. El deseo aparece acá como un lugar incómodo, un lugar insoportable donde ella es la densa de la canción.
I’m sticking with you
‘Cos I’m made out of glue
Anything that you might do
I’m gonna do too
(Yo me pego a ti
Porque estoy hecha de pegamento
Cualquier cosa que tú hagas
Yo también la haré)
La ironía se encuentra atravesada por un sentir insoportable: cuando me enamoro quiero tener a esa persona cerca todo el tiempo, hacer todo lo que esa persona haga. Pero es Nico y canta con humor. Ahora bien, eso le pasa. No quiere que eso sea lo correcto, está buscando conjurarlo con esa ironía del humor. Pero le pasa. Se resiste, es un bajón. Pero le pasa. A sus 50 años, su devenir madre concluyó con su propia muerte andando en bicicleta con su hijo, al que le había regalado un kit para el consumo de heroína a los 18 años. Una maternidad un poco más border que la paternidad lennoniana; un deseo que no pretende consumarse en las instituciones del amor romántico.
¿A qué venía todo este rodeo? Ah, si. A que no todo en el mundo de la familia es mera reproducción, continuidad y estructura. Si decimos que Lennon venía de ser criado por su tía luego de que su madre se lo entregara, abandonado también por su padre, ¿podemos empezar a hacernos una imagen donde la familia tipo lennoniana es una ruptura, una discontinuidad? ¿Y si contamos que Nico creció en una familia tipo? ¿y si miramos nuestras propias familias o los casos de nuestras amigxs, compañerxs y conocidxs? ¿En casa de herrero cuchillo de palo? No, no. Tampoco nos engañemos. Hay muchas continuidades. Pero no solo eso.
Familia, deseo y amor.
Si el enamoramiento del amor romántico tal como lo conocemos es un invento reciente de la modernidad y ha logrado constituirse como el fenómeno que da (o debería dar) inicio a un proyecto familiar, entonces marca definitivamente la subjetividad de una época. Porque, aunque sea en cualquiera de sus variantes formales, el enamoramiento cachetéa a todo el mundo que lo ha experimentado alguna vez en su vida, y una vez que se ha sido cacheteada ese golpe deviene el parámetro más alto de nuestro registro de intensidad. Eso y la muerte.
Recientemente, el amigo Badiou presentó su libro Elogio del Amor, donde reivindica el encuentro entre dos personas como aquella instancia donde el sujeto realmente se des-centra y refuta el individualismo imperante de la sociedad contemporánea en ese encuentro con el otro. En días actuales, también hay que reconocer que hay personas incapaces de enamorarse. El enamoramiento supone una fuga del yo, una fusión productiva (productiva en tanto produce afectividad) con el otro relativamente incontrolable, puesto que no se elige de quién una se enamora y no se elige quién habrá de enamorarse de uno: el deseo puede fugar de cualquier proyección.
Sin embargo, las sociedades van codificando esas intensidades, las rotulan, las guionan, les construyen carriles por los cuales ese nomadismo deseante termina ordenado, organizado y fijado en instituciones reconocibles. Aún cuando parezca retrógrado, el camino del amor tiene un gran guión del cual cuesta mucho trabajo (y sí que se hace!) correrse. Gustarse, ser novios, convivir, casarse, tener hijos, tener una casa, un auto, envejecer, tener nietos, morir: una verdadera autopista hecha para quienes caigan bajo el influjo del amor romántico. Dentro de estas constelaciones edípicas, el deseo que no se organice en la direccionalidad institucionalizada de la familia sedentaria aparece como un deseo trunco, frustrado, insatisfecho, incompleto. Cuando un amor se termina se suele decir “no funcionó” en vez de pensar “estuvimos amándonos/encontrados por x tiempo hasta que un día ya no”.
Pero el destino es incierto. Cada vez las instituciones del deseo sexual son más diversas y ya no puede hablarse entre dos polos excluyentes como solía identificarse: el de sexualidad comprometida por amor y el de la sexualidad escindida del afecto. Entre ambos, los afectos sexuales-amorosos siguen siendo (porque se siguen experimentando como) una novedad, cada uno en un sentido diferente. Las personas viran de una relación monogámica a vínculos laxos de intercambio sexual; pasan de relaciones pluriamorosas a parejas monogámicas; van de soledades alargadas a relaciones múltiples; de amigos a amantes, de amantes a amigos; para resumir, en todas se vira en todas las combinaciones posibles. Pareja, novio, amigovia, garche, amigarcha, marido, amiga cariñosa, amor, concubino, compañero, novio de mi novia, novia de mi novia, filito, viejo garche, ex (a secas o en combinación con cualquiera de las anteriores), chongo... Neurosis, oh si.
Como el amor está raro, muchas personas comienzan a desligar el amor de la reproducción de la vida. No sólo se proyectan relaciones por fuera del devenir familiar, sino que ahora también se proyectan hijos por fuera de las instituciones de pareja: muchxs comienzan a pensar en tener hijos con amigos o dentro de comunidades como respuesta a los vaivenes amorosos. La amistad como vínculo de amor no romántico aparece como una respuesta a la familia romantizada, donde el afecto es una producción decidida, probada y más estable que los bolonquis del deseo amoroso-sexual.
Algunas proclaman que la era del amor libre ha encontrado finalmente su época. Otras advierten que, al contrario, la figura de la familia aparece nuevamente levantando las banderas del orden afectivo. Otras cambian de bandera cada 5 años o cada 3 meses, algunas no cambian nunca. Nadie está segura; y si alguien lo está, entonces nadie le cree.
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